martes, 24 de mayo de 2011

¡Por fin mojados!


Marel González Escobar
 
 Los  aldeanos le  recordaban  con  nostalgia, pero  ella,  pícara, no  se  dio  por  enterada  de  su  larga  ausencia.  Doctores,  comerciantes, campesinos, periodistas, poetas, y pintores miraban al  cielo.  Con ojos  y  pies  mojados,  trataron  de  desentrañar sus planes,  pero ella,  presumida no dio señales. De boca en boca, su nombre  anduvo en las plazas y calles. 
Más de una vez prometió el regreso, y más de una vez dejó a todos con los preparativos del recibimiento. Pero este martes, burló aquello de "ni te cases, ni te embarques",  resuelta humedeció los diarios en primera plana.  

La  lluvia había  vuelto a  la  ciudad…

martes, 15 de febrero de 2011

Dos “Migueles”fuera de juicio.


Marel González Escobar.

El camino lució más largo de lo que habían anunciado guajiros y señales.  1,2,3… 8 kilómetros después del desvío, y la finca de “Los Migueles” parecía haber silenciado el cantío del gallo.  
 Los vaivenes del jeep desarmaban hasta los pensamientos. El polvo, y el cielo libre de nubes revelaban el desempleo de San Pedro. 
Por fin acabaron  senderos, veredas, y trillos, en el  barrio  conocido  por “El Asiento”, no había más.   El pasto intentaba redimirse donde creció la maleza, surcos recién labrados sonsacaban la admiración de quien vio una vez aquellas tierras vencidas por el marabú.  
Uno de “Los Migueles” galopó a la señal de los intrusos. Amplio tejido de yarey sobre las sienes más que por el sol, por la elegancia  que supone, ser un auténtico campesino.  Lo aprendió de su padre amante de las tonadas, del taburete y la guayabera de domingo.  Hombre de piel curada por los rigores de campo, y a quien sólo conseguimos quitarle la vista del machete y la lima por unos 2 segundos.  

¿Vio que lindas están mis tierras?
 La pregunta sucedió al saludo con rapidez, mientras el holguinero, “bien comido”, como diría mi abuelo,  sonaba las espuelas en presumido gesto.

Un buen día se decidió, y firmó aquel papel, asegura.  Casi 14 hectáreas recibió Miguel Ángel Morales en calidad de usufructo, al amparo del Decreto Ley 259,  puesto en vigor en Cuba, desde el año 2008.
Algunos dijeron que estaba fuera de juicio para enfrentarse a aquel amasijo de pinchos que no permitían el paso,  pero el muy tenaz se hizo de oídos sordos.

Poco a poco, mi viejo y yo fuimos cortando el marabú  machete y hacha en manos.  No le dimos tregua.

Casi no termina la frase; se dispone a trasladar el ganado.  Su voz cruza del otro lado del potrero.

¡Ooooohh!, Margariiiiiiiiita… Ooooohh!.. Vamos, vamos…

Va adelante, detrás, vuelve, gira y vocea sorteando las bostas que fertilizan la tierra.  Al fondo, el sonido del hacha no quiere perder el protagonismo de mis párrafos, y los olores a tronco de marabú recién cortado, desatan todos los mohines posibles en el rostro de un camarógrafo con zapatos de ciudad.

Al marabú se acaba,  pero hay que entrarle poco a poco, si le entras con rabia te mata. 
70 años hacha en manos, carga el padre.  La risa condimentó las últimas sílabas, que sugerían un desafío a los cobardes. A  su hijo le dejó ese pensamiento, además de su nombre.

Ganadero en tierra nueva, y el surco también agradece.  Miguel Ángel,  el heredero, se convirtió en campesino de la Cooperativa de Créditos  y  Servicios Miguel Expósito González, en Velasco, municipio de  Gibara.  

Los  cultivos  varios  y  la  ganadería conquistaron a  más  de 10 mil hombres de la provincia de Holguín,  donde el marabú, se convirtió en historia. Quienes dudan,  pueden preguntar de paso por unas 77 mil hectáreas de tierra en las cuales reinó el ocio una vez.   Terrenos, por olvidados,  casi redescubiertos,  a la conquista de gente osada, y sin remilgos.
 
Los  municipios de Holguín, Calixto García y Mayarí, respondieron al mayor número de solicitudes de tierras.  El Ministerio de la Agricultura en la provincia de Holguín,  se propuso agilizar los  trámites, y sumar brazos que hiciesen parir los terrenos.

 Justo en la cintura del día, una pausa.  La pelea es más fuerte cuando el sol y el marabú conspiran del mismo bando.  Aún las espinas aguijonean a la mitad de la finca, mientras el frijol crece, y Margarita camina como modelo de pasarela, en sus cuatro patas, enseñoreada por aquellos predios hechos potreros para ella.  
En poco tiempo,  padre e hijo volverán a la carga para seguirle despejando   el camino a su ganado, y aquellos que le creyeron fuera de  juicio, les  devuelven la razón.   




domingo, 6 de febrero de 2011

José Martí, ética del más tibio gesto.


Marel González Escobar
Conquistador de las más cálidas esencias  del ser  humano.  La sensibilidad le anduvo de pies a cabeza,  de  pluma y porte, de pasión, de gestos y convicción hasta las sienes.  Amante de su  patria, del acento latinoamericano orgullo de tardes  y madrugadas  en Madrid,  México, Tampa o en su hamaca de la  manigua, asida dos troncos que despedían olor a Cuba.
El  hombre más simple del Bravo a la Patagonia, cargó la confianza  de  alguien que amó a su madre entrañablemente, y  acarició  las  heridas  de Lino,  si mirar las suyas.  Un  cubano  de  movimientos  rápidos y mirada lánguida, estremecida  por sus sueños,  y convencida del camino ineludible cuando se empedrada éste de libertades escamoteadas. 
La trascendencia de la ética  martiana reposa en  su apuesta por el afán  transformador del hombre,  colocados los ojos en la dignidad, la  justeza,  en las  nobles causas, el deber sagrado y el bien.  Y  así lo confirman sus letras:
"La honra puede ser mancillada, la justicia puede ser vendida, todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo, pero no naufraga jamás."
El bien como conducta alimentada desde los primeros años de la existencia, puede  sobrevivir  a las asperezas de la vida.  En José  Martí, se libera más allá de las relaciones interpersonales para alcanzar una proyección social que promueve el amor al prójimo, a nuestras raíces, su  identidad, al pueblo, a la nación, y desencadena un hondo sentimiento patriótico. 
Hacer por los demás, y defender la justicia, fueron hilos imprescindibles que aseguraron cada gesto desde comienzos de su vida.
Sufrió frente el negro lastimado,  padeció entre los retenidos en presidio, y se  estremeció ante  los avatares de los pueblos indígenas. En verso y prosa insufló el respeto a la persona, credo e identidad. 
“Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

La cultura cubana creció en combate contra lo que  lastraba la independencia nacional, y José Martí fue prócer de aquella batalla desde el exilio aunando voluntades,  en las  oraciones  que  escribía  a María  Mantilla,  o con el pensamiento puesto en caballería mambisa,   galope irrevocable bandera en alto, toque que arrastraba a los patriotas,  desprovistos, extenuados por las  severidades de la manigua, pero  dispuestos.
Sus artículos revelaban principios  de poderosa fuerza ética en alerta, convocatoria y análisis.   Aquella prédica rige el patrimonio espiritual de la nación cubana. La acumulación de tradiciones de lucha, riqueza de pensamiento,  visión  más allá de  las  costas  de  una  isla desangrada.  
Avizoró  las  intenciones de Norteamérica, y  condenó  la  asimilación  de  patrones  con  acento  foráneo,  advirtió el peligro de la admiración servil a lo proveniente de los Estados Unidos:
"Imitemos. ¡No!- Copiemos. ¡No!. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse.”
Así  escribió el  apóstol, el ser humano ajeno a la frialdad que presume el traje del héroe increíble de tan perfecto.   El  mismo cubano que subrayó al susto, con su pensamiento en Carmen:
“Si  no la  trajera a mi lado, textualmente, moriría…”
Aprender  de  su entereza, pasiones y sensibilidad,  hará  mejores  seres  humanos a nuestros  hijos. 
Verle  sin almidones,  ajeno a  la  estatua, al busto,  y  sí en  la  profundidad  de su  pensamiento,  en la ética de su más tibio gesto, confortará a una tierra de indios, esclavos, de revoluciones y dignidad resuelta.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Hermosa vista, la de “Vista Hermosa”



Una vez a la izquierda, dos a la derecha, la tienda del pueblo, la cañada, pregunta y vuelve sobre el rumbo. Ya falta poco, dijo desde el primero hasta el último de los caminantes. Al encuentro, carretones tirados por caballos, y el saludo imprescindible de los que parecían conocernos de toda una vida.
  “Vista Hermosa”, así le habían bautizado hacía más de 30 años, tiempo suficiente para que los meses abrieran hendijas a su nombre.  184 familias vivían en aquella comunidad de edificios en el  municipio Calixto García, a varios kilómetros de la ciudad de Holguín.
Rigoberto llegó un sábado, 12 años antes que nosotros.  Su travesía fue más sencilla por el atajo.  Aún medio indeciso y con la disyuntiva que siempre promete salvarnos la primera vez, decidió probar suerte.
 Maestro devenido campesino. Hoy es él quien aprende las lecciones de un pedazo de tierra, a fuerza de surcos truncos y prósperas cosechas.
Lo encontramos de vuelta por el sendero que conduce a la comunidad. Los vecinos le gritaban palabras al juego, y él respondía con gracia. Machete a la cintura y sombrero, inseparables prendas. Un hombre jaranero quien se mira, dice, más animado por estos días.  La “Vista Hermosa” de su pequeño barrio, rescata valores para no defraudar a su nombre. 
La pintura chamuscada reconquista colores, el comején perdió la cena en viejas puertas y ventanas de madera. Otras nuevas las sustituyeron,  mientras más cerca del cielo,  impermeabilizan  cubiertas, eliminan fugas hidrosanitarias, y mejoran redes eléctricas.
Las  acciones se extienden a 11 comunidades de la provincia de Holguín durante el presente año, como parte de un Programa de Rehabilitación de Edificios Multifamiliares. 
Brigadas del Ministerio de la Construcción, el Poder Popular y la  Empresa de Conservación, Rehabilitación y Servicio a la Vivienda, ejecutan las obras en  los  municipios holguineros de Mayarí, Moa, Calixto García  y Rafael Freyre. 
“Estamos esperando que reparen las aceras, y las calles, dicen que eso también viene”,  agrega Rigoberto, ya detenido a conversar, cómodo, como si no hubiese más para su día.

Más de mil 900 familias de la provincia de Holguín, percibirán la transformación de sus barrios cuando concluya diciembre.
A punto del medio día, vereda arriba, justo cuando el perro más odia a su amo, salimos por el atajo.  Atrás,  la polvareda del fin de la mañana, y encima, los apuntes para esta historia, en cuyo final  Rigoberto, un maestro convertido en campesino,  se resiste a la idea  de regresar a la ciudad.  





sábado, 27 de noviembre de 2010

"Demonios" de domingo.

 Marel González Escobar

Hoy  lo decidí.  En mi  otra  vida  permutaré  las  tardes  de  domingo.  Puede  ser  para  un lunes, con todo y lo marrón que se imagine,  un  miércoles, le  dije a la semana que podría negociar cualquier espacio en su crucigrama.  
Dicen que no importan latitudes ni acentos, hasta en los aviones son grises las tardes de domingo.
Cruza la semana, termina el sábado y ocurre otra vez.  No  valen piruetas, mañas, planes, siempre es complejo  tomar aire.  Como un peso y un vacío.  La gente camina, se mira y lo advierte, muchos  sin decir, como si no se  atrevieran a confesarlo.  Casi un estigma para el comienzo o el fin después del medio día.  Vaya embestida la de esa tarde.  Regaño para unas 6 horas, que,  por suerte, no serán infalibles.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Secretos de mujer, detrás de la loma.

Marel González Escobar.
Después de unos 5 kilómetros, a penas se escuchaban los ruidos de  la  ciudad. La urbe a  ratos  parecía  demasiado pequeña, envuelta en un entramado de calles perfecto, donde tantos pies, tantas manos y cabezas  desandaban sin límites, ni horarios. Una colina  divisaba el ajetreo a distancia,  al borde del camino, para no mezclarse demasiado.
Las urgencias de los días hicieron crecer los trillos en aquel pedazo de tierra.  Enma, caminaba de un lado a otro bajo las alas y los olores del yarey,  sombrero,  a ratos,  abanico luego, casi capaz de entonar cualquier tonada, aún en los alrededores de la urbe.
Unas 40 hectáreas de árboles, hierba y 5 hombres bajo su mando, forman parte de su “patrimonio”. 
Cuenta que un jueves en la tarde llegó desde el centro de Cuba a conquistar Holguín, y de tanto empeño quedó vencida. Los amores, y no los milagros del agua o de la cruz, hicieron lo suyo. 
Ahora Enma Linares sembraba orden y mando, entre 5 trabajadores forestales, orgullosa de ser la única mujer que dirige una finca forestal en la provincia de Holguín. 
Dirigir hombres? Ya estoy acostumbrada. A veces quieren ser más fuertes que yo, pero me les impongo.
Ríe con picardía y vuelve al trabajo.  Una planta más va de sus manos al suelo, otra vida para oxigenar los pulmones de esa gente apurada que cruza calles y corredores, sin advertirlo.
Es la finca forestal integral “La algarroba”, también hembra para callar la arrogancia masculina. En ella crecen decenas de especies de árboles maderables y frutales, mientras otras aguardan en el vivero la posibilidad de echar raíces en las faldas de la loma, como lo ha hecho Enma.  
Espacios similares reúnen alrededor de 600 hectáreas en la provincia de Holguín. Desde ellos crece la superficie boscosa, se rescatan nombres en extinción, y  los suelos tienen mejor salud.  El programa también contribuye a incrementar la producción de alimentos, y mejora las condiciones de vida de los obreros.  
Cosechamos las viandas y hortalizas que consumimos en casa, aseguraba aquel hombre de piel recia y manos callosas, que reparaba los cercados entre el rio y un platanal en plena adolescencia.  
El año próximo serán más de 160 fincas holguineras de pies a cabeza.   Hoy la vida de las posturas sembradas cruzan las semanas sin demasiados riesgos, la tala indiscriminada se contiene, y son menos los incendios forestales.
En medio de un receso, Enma aprovecha para orientar el laboreo del siguiente día, una jornada que no escapará al cercado por asegurar, al azadón y a los ruedos que alejarán la hierba de los troncos recién plantados.
Allí, entre dos ríos,  una colina divide el campo de la ciudad, como juez, y señal para los que intentan orientarse. 
“Detrás de La loma del Fraile”, a decir de los citadinos.  Allí vive Enma, una casa de madera, portal y jardín imprescindibles, según había planeado.  Canto de gallos, verde por los cuatro lados, y aire despojado de vicios.   Una mujer con acento villaclareño, y afán holguinero, dice ser feliz, y con traviesa gracia, me  asegura, casi en secreto,  haber nacido para  “manejar” a los hombres.  
  

sábado, 6 de noviembre de 2010

Noticias de un sábado sin sol.

Marel González Escobar.  

Medio gris,  medio fresco, los bancos aún húmedos, y un diario que anunciaba el adiós a la tormenta.  Las  personas  se miraban acudiendo a una cita planificada en secreto.  Abrigos y bufandas se apresuraron, rompieron la cerradura en noviembre, y aún, con el olor a madera antigua, a humedad, a retazos, salieron a la calle para enredarse de los pies a la cabeza. 
Los fiscos, los corredores, y una gran cruz de madera le hicieron el juego.  El  día fue gris,  no  verde, ni  azul,  no  fue arcoiris; gris de  nubes, y sobre ellas anduvo uno y otro refugiado de la ciudad.  Siguieron el rastro de  un capitán extremeño, atrevido, aventurero como ellos mismos,  con olores a indios, negros, criollos y luego, holguineros, como  dicen los periódicos.
Las mujeres no maldijeron  la humedad de las sábanas colgadas, parecía no importar que, tal vez,  fuera para siempre.
 La gente cruzaba, subía, ida y vuelta con cualquier pretexto.  Demasiado peso el calor,  luego  un ciclón y una tragedia que sacude, vuelve, reposa, no se olvida.
Pero aquella mañana,  en el afán de estar vivos, decidían salir a respirar, a ejercitar los pulmones en ese oficio que sólo en  ocasiones se advierte. Pocas veces importó el sábado sin sol más allá de los poetas. El invierno convirtió en noticia a un sábado sin sol.